Dicen que al que se aleja se le hace más fácil olvidar... pero el que se queda tendrá que convivir con los recuerdos...
Llegué a este edificio el 12 de Diciembre de 2005, es una de las escuelas de aprendizaje de los Economistas en Colombia y una instancia importante de decisión de política pública, no podía estar más feliz.
Con 23 años me instalé en el piso 36, una vista espectacular hacia el noroccidente de la ciudad, la belleza de los atardeceres bogotanos no correspondían a la tristeza que el desamor me generaba en ese momento. Luego de 6 meses y de conocer a personas que hoy día son muy importantes en mi vida me bajaron al piso 34.
El cambio al piso 34 significó mucho más que estar dos pisos más cerca del suelo, tenía nuevo jefe y nuevas funciones, nuevos compañeros de trabajo y el nuevo puesto me quitó la vista de la ciudad.
Al piso 34 llegué medio recuperada de mi crisis emocional, cuando llegué no imaginaba que estaría ahí por cerca de 3 años y que tantas capitulos de mi historia transcurrirían allí. Una amistad intensa con Monic, un romance con un blogger, un nuevo romance con un chico de Cartagena y el nacimiento de un gusto tormentoso.
El romance Cartagenero cerró sus puertas finalizando el 2007 y surgía, en medio de reuniones y charlas de oficina una atracción nunca antes sentida.
Y fue en enero de 2008, cuando el cambio de apartamento retraso mi trabajo, obligandome a ir un domingo a la oficina. Otro grupo de trabajo estaba reunido, corriendo a última hora para entregar un trabajo. La hora del almuerzo llegó y el coordinador del otro grupo me invitó a ir con ellos a almorzar, pero ya tenia un compromiso con mi hermano, solo trabajaría hasta las dos de la tarde y partiría.
He esperado este momento siempre, estar a solas contigo y decirte que me gustas mucho... una de las personas del otro grupo se había quedado y me decía estas palabras que me dejaron fria. No hubo más palabras y apareció la fuerza imparable de un huracán...
Sé quien eres, y no espero nada de ti... he aprendido a no esperar... y cada rincón, cada momento y cada espacio se convirtió a partir de entonces en testigo silencioso de un gusto brutal.
Y la consecuencia nefasta del dolor post placer no demoraría en aparecer.
Apareció como una sombra la muerte anunciada de nuestra oficina, la nueva Ley de Contratación Estatal le cerraba las puertas a los canales de cooperación que nos permitían existir. La liquidación, la entrega de los equipos, la cancelación de contratos y cuentas, recoger los recuerdos y guardarlos en cajas.
Y me llevaron a otro piso, ahora habito en el 31, todo era distinto, los pisos, las paredes, los muebles, era como estar en otro lado, mi mente olvidó que tres pisos más arriba habitaban mis recuerdos, los fantasmas de mi amor, de mi placer prohibido y su dolor consecuente.
Ayer... como dice una de mis canciones favoritas, una llamada del piso 34 solicitando ir por unos documentos urgentes... tomé el ascensor y fue como regresar al pasado, miré todo desde el pasillo, otras personas estaban allí instaladas y los fantasmas que cree empezaron a hablarme, mi felicidad y mi dolor, presente en las paredes, en los muebles, en las ventanas, en las salas de juntas... el timbre del ascensor, el mismo que anunciaba que debíamos terminar me devolvió al presente, mi corazón sintió la nostalgia infinita de regresar y dejar una vez más mi pasado. En ese piso habitan mis recuerdos, está muy cerca de mi y tan lejos...
No lo amo, sé que nunca lo amé, ni lo amaré, pero no le encuentro una definición a este sentimiento, está en mi sin estar, es inexplicable... es lo que queda en mi ser de mi parte más animal... gracias a la vida hoy estás lejos y puedo ser tan humana como siempre, como antes de ti...

